miércoles, 27 de abril de 2011

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- Lo siento - repite el muchacho.
El viejo le mira las manos: de escribidor, de arañapapeles. Le mira luego a la cara: simpática, honrada.
- ¿Qué hacía usted antes?
- Estudiar.
- ¡En los estudios no hay paro! - vuelve a irritarse el viejo, receloso de habérselas con un trapacero.
- Mi padre sólo me da dinero para estudiar la carrera de derecho y yo no quiero ser abogado. Estudio otra cosa.
El viejo sonríe: ¡Bravo, buen muchacho! Equivocado, porque ser abogado da buenos dineros, pero buen muchacho. Podador antes que enredaleyes, ¡bravo! ... ¡Abogados, la plaga de los pobres! ...


La sonrisa etrusca
José Luis Sampedro
Alfaguara

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