jueves, 28 de abril de 2011






Miré de soslayo  y vi que el dueño del chorro era el hombre de la barba, aquel que estaba sentado en la mesa contigua con una acompañante demasiado joven para él. En ese momento él también miró de soslayo, así que nos saludamos con la cabeza, como es costumbre entre dos tíos que mean a un metro escaso de distancia. Entre la barba su boca se torció en una sonrisa. Una sonrisa triunfal, no pude por menos que pensar, la típica sonrisa de un hombre con ...
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La cena
Herman Koch
Narrativa Salamandra

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