La leyenda dice que la emperatriz Elena, hoy santa, vino a parar a estas montañas huyendo de la persecución de los moros. Santa Elena en su camino de huida se sentó a descansar un momento y luego prosiguió su fuga hasta llegar a la zona de la actual ermita, entonces una cueva y donde las arañas tejieron gruesos hilos para ocultarla de sus perseguidores. La leyenda dice que en el lugar donde se sentó a descansar la Santa brotó, como un milagro, el agua y la piedra tomó la forma de una silla y sus pisadas quedaron marcadas en el suelo.